Como escritor de mediana talla, suelo tener algunas sequias intelectuales, pero en el pueblerino Pregonero donde nací (Estado Táchira) y desde muchacho, me dio la ansiedad de expresarme a través de la palabra escrita. Desde mi alumbramiento fui “aficionado” a la radio, pues mis padres eran radioyentes a tan inverosímil aparato (Para la época); entretenimiento que aún conservo y constituye un hábito muy añejo. Lo de “Hesse” viene de mis consuetudinarias lecturas del escritor alemán Herman Karl Hesse, novelista, poeta e incluso pintor, nacido en la Alemania del siglo XIX; para mí, fue un placer leer y releer el “Lobo Estepario”, durante mi ensoñadora juventud.

Traigo esto a colación, ya que sin querer se despertó mi vena escritural, al escuchar un programa transmitido por una extraña emisora que, se apoda “IUSRADIO”; esperando investigar un poco supe que su sintonía era ciertamente por internet, pues un amigo de mi confianza, me permitió escucharla por su computadora.

De manera que, tuve la oportunidad de sintonizar el programa “Seguroteca …Radio”, que, su moderador transmite los días jueves al mediodía, en un horario donde respeto el almuerzo que mi esposa suele servir; lo cierto es que, estaba en la casa de mi amigo y no almorcé, por supuesto en la mía. En dicho espacio, el moderador Profesor Pastor Ascanio Heres entrevistaba a otro docente, el Profesor Gustavo Orta Crespo; como soy aficionado a las fechas, intuí que, era conveniente memorizar aquel instante: Jueves, 7 de diciembre del presente año, es decir, 11 días atrás.

En su introito, el moderador conversaba sobre el estruendoso incendio acaecido en Londres (Inglaterra), hecho ocurrido en septiembre de 1666, lo que dio origen a la primera representación aseguradora para el riesgo de incendio, la The Fire Office que, regentaba un señor de apellido Barbon, y cuyo nombre era Nicolás, creo. Señalaba que otro sistema, fue el representado por la Corporación Of London, que consistía en coberturas para cubrir el riesgo de incendio propiciadas por la municipalidad londinense, pero sin embargo dicho experimento indemnizatorio fracasó. No obstante, el principal competidor a la “empresa” The Fire Office, fue sin dudas la asociación The Friendly Society.

Lo que sí quedó claro, es que, la naciente Revolución Industrial y los continuos eventos pirotécnicos incrementaron los nacimientos de emprendimientos en el tema, como la fundación de la Sun Fire Office (1710), basada en un proyecto de 1708 sobre el seguro de géneros y mercancías; la gestación de la Union Fire Office, en forma de mutualidad para el seguro de género y la Westminster Fire Office, cuya aparición en el incipiente “mercado asegurador” aconteció en 1717; toda esa madeja de aconteceres, lo fui investigando desde ese día, 7 de diciembre. Otro caso singular y que llamara la atención pública, fue el de la Guardian, que compartía sus beneficios conjuntamente con sus asegurados, tomadores y contratantes; más tarde, abandonaría esa práctica y se uniría a las oficinas que, operaban en el sistema de tarifas fijas y uniformes.

De modo que para 1805, proliferaban 11 establecimientos de seguros con despachos centrales en Londres, 16 oficinas provinciales, 5 escocesas y 2 irlandesas. Para entonces, las instituciones aseguradoras en el riesgo de incendio propiciaron “las placas del seguro de incendio” (metálicas, resistentes al fuego), que se fijaban a las edificaciones aseguradas, con el fin de indicar las compañías con las cuales estaban cubiertas y, por otra parte, cada firma poseía su propia brigada para extinguir incendios.

En el mismo sentido y sobre el seguro de incendio, el Profesor Gustavo Orta Crespo definió al fuego (Que suscita el incendio), como un fenómeno físico-químico que, bajo condiciones calóricas anormales, se transforma en llama. El fuego, se produce a voluntad del hombre, es controlable en su manipulación, y, por ende, no ocasiona daño. Cuando escapa a ese control, se produce el incendio, con los daños consiguientes. Recalcó sobre algunas causales que lo generan e indicó algunas metodologías para su extinción: * Por dilución; * Por enfriamiento; *Por sofocación; y * Por la rotura de la cadena.

Aclaró que existe una variedad de fuegos, que, dependen del tipo de material que genera su génesis, como el Clase “A” (Cuyos combustibles son esencialmente sólidos); el Clase “B” (Suscitados por líquidos inflamables o gases, pinturas y el petróleo y sus derivados, entre otros); el Clase “C” (Relacionados con aparatos y equipos movidos por energía eléctrica); el Clase “D” (Provocados en metales alcalinos combustibles, como el sodio (Na), potasio (K) y muchos otros); y el Clase “E” (Creados en autobuses, camiones y demás componentes automotores, encontrándonos con un grupo de materiales que mezclan las clases de Fuego A, B y C) . Dentro de su conversa, el Profesor Orta Crespo nos entretuvo con su notable anecdotario, que incluyo experiencias de su muy larga carrera profesional.

Sin conocer a exactitud el tema, pues el fuego que veo a diario es el de nuestra cocina, el conversatorio del día 7 de diciembre pasado entre los Profesores Gustavo Orta Crespo y Pastor Ascanio Heres, me dejó un grato sabor al entendimiento de la realidad humana, pues muchas circunstancias dañosas se evitarían, si tomamos las precauciones adecuadas.

Por: Tomás “Hesse” Mora. Un observador radial

Escrito el 18-12-2023

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